Ayer martes me hizo un
“unfollow” en Twitter una cuenta de quiropráctica y homeopatía porque
me mando un mensaje ofreciéndose para solventar los problemas renales de los
visitantes de este-vuestro blog y yo me negué a publicar nada relativo a este
tema porque, dentro de mis posibilidades, trato de publicar información
contrastada o en todo caso, opiniones personales mías.

Antes de expresar lo que
realmente pienso de las pseudociencias
he de decir, como en el chiste: “padre, he pecado” y es que he de
reconocer que en algún momento he probado la acupuntura y también la osteopatía
(combinada con la quiropráctica). No así la homeopatía, que no la “he catado”.
No voy a andarme por las ramas, dándole vueltas a algo que es obvio, la causa por la que usé estos
añadidos a la medicina llamada convencional: simplemente fue por desesperación, porque no
podía soportar el dolor, porque no quería cenar todos los días una tortilla de
analgésicos, porque no quería llevar un TENS todos los días, porque no quería
visitar la unidad del dolor una vez por semana (por muy bien que me trataran
allí), porque…

Después de mi estancia en China y
habiendo dejado de fumar un familiar cercano, según su versión, por la acupuntura,
me decidí a probarla para combatir mis dolores, he de reconocer que el único dolor que no noté fue el de los pinchazos porque los otros que tenía siguieron igual. A parte logré sentirme como un muñequito de
vudú (disfraz ideal para Helloween).
Respecto a la osteopatía+quiropráctica,
he acudido a dos “clínicas” distintas, de bastante prestigio por
cierto, y una de ellas recomendada por médicos de la Seguridad Social. Además de
sacarme la pasta y haberme hecho amigo de un enfermero con el que comparto de
vez en cuando cervezas (al que le mando un abrazo) no he conseguido nada más
allá de una manía importante: escucharme todos los crujidos de mis huesos.

Hecho este preámbulo y pese a que
la historia me apasione, me considero una persona de ciencias cuando x tiende a
infinito. Además, pese a lo que muchos compañeros ingenieros me dicen, para mí
no hay ciencia más “exacta” que la de la medicina, ya que no hay nada
más exacto y perfecto que el cuerpo humano.
Dentro de esa perfección/imperfección del cuerpo humano, debemos asumir que la medicina
también es perfecta/imperfecta pero que está basada en evidencias y fundamentos
científicos, cosa que no ocurre con las pseudociencias basadas en el “yo digo
que esto es bueno” como han partido estas ciencias paralelas creadas por
algún “iluminado”. Con todos mis respetos y envidias sanas (por cómo
se han forrado) a los iluminados. (Ya verás tú, me va a caer la del pulpo de
los defensores de estas prácticas…).
Lo que importa, es que hay
terapias que curan y terapias que no curan. Y todas las que se demuestra que
curan son siempre incorporadas por la medicina
que se ha dado en llamar oficial. Y sólo se sabe si unas curan de verdad o no
lo hacen, exigiendo a las mismas que cumplan una serie de protocolos y
comprobando su eficacia mediante una serie de ensayos clínicos controlados, lo
más objetivos posibles. Vamos, que debe
haber una
evidencia empírica.

Una de las cosas que más me “quema”
es que me argumenten que en algunos países, como Estados Unidos, algunas de estas
paraciencias son titulaciones universitarias reconocidas. Para mí, como
promulgó entre otras la Universidad de Córdoba: “Una institución que, por
definición, es la casa del conocimiento y la ciencia, no puede jamás apoyar
iniciativas de este tipo que van en contra de su naturaleza”.

Lo que clama al cielo, es el tema
de la homeopatía, que para mí no tiene nada que ver con lo de tomar algún
producto natural que pueda ayudar en determinados casos (conocido es el caso
del arándano rojo americano para evitar infecciones de orina, por ejemplo). Pero eso de “lo similar cura lo similar”, vamos!, hasta dónde vamos a
llegar… A mí que me demuestren las cosas, no me vale con que me digan que
algo cura algo. Ya alucino cuando hablan de curar cáncer, VIH, hepatitis, etc.

Otro ejemplo: leí recientemente
una artículo sobre curación de enfermedades graves con ondas electromagnéticas.
De medicina me pueden decir que no sé, pero de ondas electromagnéticas he dado
clase para universitarios y la sarta de sandeces que decían era para “mear
y no echar gota” (con perdón). Si alguien explica eso en la universidad es
para echarlo incluso del país.

Para más inri, hay gobiernos (europeos)
que destinan recursos económicos a las pseudociencias. Uno se plantea si hay un
lobby que le interese que se potencien estos temas. Y evidentemente el único interés
que puede haber es económico y no científico.

Evidentemente el menos culpable
de esto es el paciente, porque necesita aunque sea un placebo para seguir
adelante y como he comentado, incluso a mí me ha ocurrido. Es decir, el público
objetivo de esto no es el “viejete” que acude al curandero de su
pueblo. Es un “mercado” que nos afecta a todos o que nos puede
afectar y que mueve millones de euros.

Abramos los ojos, pensemos fríamente
(y yo el primero) y distingamos las ciencias, dónde la MEDICINA (en mayúsculas)
ocupa un puesto destacado frente a los pseudociencias de los embaucadores. No
quiero usar el término timadores, pero de verdad, se me ha pasado por la cabeza
😉

Respeto cualquier comentario, y
más de los que en nuestra desesperación acudimos a esto, pero vuelvo a decir
que no estoy hablando de los remedios naturales, estoy hablando de lo que nos
“venden” como un remedio no estando contrastado.

“La
palabra verdad no se puede usar fuera de la ciencia sin abusar del lenguaje.”
(Berthelot)
PDP: He intentado morderme la lengua lo más posible… Pido perdón si he dicho algo que moleste a alguien…
PDP2: Siento si hay alguna desorden o incoherencia en el post, pero lo he escrito de copiloto en el coche en 10 minutos y sin releerlo

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