Es una técnica que consiste en acceder al uréter con el ureteroscopio vía uretra -acceso retrogrado- (por decirlo de una manera entendible, es la “continuación” de la cistoscopia, que llega sólo hasta la vejiga) o vía perforación percutánea -acceso anterogrado-.

La principal indicación de la ureteroscopia ha sido el manejo de los cálculos urinarios; sin embargo, existen otras indicaciones no litiásicas en diagnóstico y tratamiento de patologías del tracto urinario superior (TUS) con esta técnica minimamente invasiva. La virtud principal de la ureteroscopia, la visualización directa del tracto urinario, es de gran valor en el diagnóstico de lesiones, incluso sólo con la inspección. Además del acceso al TUS y ante la duda diagnóstica, existe la posibilidad de tomar muestras para análisis citopatológico.

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