Un lujo para el blog contar de nuevo con el Dr. Eduard García Cruz, licenciado en medicina y especialista en urología en el Hospital Clínic de Barcelona, y
responsable del Área de Men´s Health de Barnaclinic. En la otra ocasión, colaboró con un post sobre la App. que había desarrollado junto con otros compañeros. Ahora nos viene a hablar sobre un tema que ha tenido cientos de consultas en el blog, que es la sexualidad y los catéteres urinarios.

 
CATÉTERES, ESTOMAS
Y SEXUALIDAD
.
 
La
sexualidad es una función humana que forma parte de la definición de la OMS de
la salud. Para estar sanos tenemos que sentirnos sexualmente sanos. Muchos son
los procedimientos que alteran o dificultan la sexualidad “normal” en cada uno
de nosotros. Algunos de los procedimientos que más impactan en la sexualidad,
tanto masculina como femenina, es la cirugía pélvica (con o sin estomas), y la
colocación de catéteres internos o externos.
 
Catéteres doble J y sexualidad.
 
Uno de los catéteres ureterales
más frecuentes es el catéter doble J o “pig Tail” (del inglés cola de cerdo, por su forma). Se trata
de un tubo de plástico que se coloca para asegurar el correcto drenaje del
riñón cuando existe obstrucción (tumores, estenosis, piedras) o cuando se
realiza alguna cirugía sobre el uréter.
Uno de los problemas principales
que producen los catéteres son los síntomas urinarios. Las quejas más habituales
de las personas portadoras de catéteres doble J son la sensación de infección
urinaria (aumento de la frecuencia miccional, sensación de micción incompleta,
urgencia miccional, molestias perineales, etc…), aunque en muchas ocasiones no
existe infección propiamente dicha.
Habitualmente tiene una duración
de hasta 3 meses, aunque existen catéteres con una duración de 6 meses e
incluso 1 año. En la mayoría de los casos de litiasis, se suelen retirar una
vez resuelto el cuadro obstructivo (a las 3-4 semanas). Existen algunos
fármacos, como los anticolinérgicos, que permiten paliar parcialmente dichas
molestias.
Otro de los síntomas habituales,
que no suele revestir gravedad, es la presencia de sangre en la orina.
A pesar de que no existen
estudios específicos sobre sexualidad en personas que llevan catéter doble J, no existe
ninguna contraindicación para el sexo en esa situación
. Es muy probable que
exista disminución de la erección mientras duran las alteraciones producidas
por el catéter, y es asimismo probable que exista dolor con la eyaculación. Lo
más probable es que esas alteraciones sean transitorias y cedan pocos días o
semanas tras la retirada del catéter. Los fármacos para mejorar los síntomas
alivian sobretodo la clínica urinaria, más que mejorar propiamente la
afectación sexual.
 
Estomas y sexualidad.
 
La cirugía pélvica conlleva en
ocasiones que la única opción para permitir la evacuación de heces u orina sea
la creación de un estoma. La cirugía radical de recto o de vejiga obliga, en
ocasiones, a esa situación.
Respecto al impacto del estoma
en la sexualidad, existen tres grandes alteraciones que suelen ocurrir
asociadas a estas cirugías:
En primer lugar, algunos de los
problemas más habituales y graves que ocurren al instaurarse un estoma
es el impacto en la propia imagen, y las consecuencias
psicológicas
que eso puede producir (stress, rechazo, depresión, etc…).
Derivado de la cirugía de recto
o vejiga, más que del propio estoma, se suele producir lesión sobre los nervios
que permiten la erección y es por ello que en hombres con estomas las alteraciones de erección son muy
frecuentes, por encima del 90%. En algunas ocasiones es posible respetar los
nervios que posibilitan la erección, pero esa técnica quirúrgica permite la
normalización de la erección en aproximadamente un tercio de los hombres.
Las alteraciones de la función
eréctil puede combatirse mediante fármacos vía oral para mejorar la erección
(inhibidores de la fosfodiesterasa 5, como sildenafil, tadalafil, vardenafil o
avanafil) u otras estrategias (como el uso de alprostadil directamente en el
pene –inyectado o intrauretral-, o la colocación de prótesis de pene).
En tercer lugar, la lesión
nerviosa o la extirpación de vejiga y/o próstata conllevan la alteración de la eyaculación
(aneyaculación –no confundir con anorgasmia-). Esta es una alteración también muy
frecuente y para la que no existe ningún tratamiento específico. La principal consecuencia
derivada es, por un lado, psicológica, y por otro, infertilidad.
Dado el profundo impacto que conlleva la realización de este tipo de
cirugía, sería deseable que existieran equipos multidisciplinares que
informaran a los pacientes antes de la cirugía y realizaran su seguimiento de
manera posterior. En la mayoría de ocasiones es posible mejorar mucho la
función sexual, pero probablemente uno de los pilares básicos es el
asesoramiento psicológico y la adaptación a los cambios inducidos por la
existencia del estoma.
 
 

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